viernes, 29 de mayo de 2009

Comentario breve sobre libro: Soles Mojados de una Niña Azul


Adentrarse en la poesía de Emma Jeannette Rodríguez es recorrer sendas llenas de naturaleza, mermelada y agua salada. Es emprender un viaje hacia sus más recónditos adentros, a sus movimientos de cabeza que surgen al andar y admirar con amor o furia a los amados y desamados. Es la espera de lo que no llega y desaliento emocional. Todo desde una autovaloración positiva de su ser ante la adversidad.

Su tono y musicalidad son movimientos de cadera, plasmados en versos, nos permiten mirar a través de sus ojos una luz azul que es femenina y suave. Irradiada de luz, de esquemas aparentemente desalineados que a la larga nos envuelven en una porcelana de suave voz gentil. Es viaje sublime de belleza y sensualidad. Los fantasmas están presentes en los viajes amatorios, como guardaespaldas de su idolatría al amor, protegen sus dedos arriesgados cada vez que los desborda en letras sobre su corazón.

La sensualidad de sus imágenes, sugieren ardor entusiasmado hacia una piel abarrotada de saliva dulce y gelatinosa, es bienvenida en la puerta a un mundo lleno de caricias y gestos eróticos.

La naturaleza es amiga y cómplice de la autora, andan de la mano y se anidan para resguardarse del frío, una con la otra. Es su madre y dadora de vida, es un dios. La madre tierra es su filtro de asperezas, lija de emociones ardientes por lo contranatural que le ha tocado vivir. Madre natura, es culpable de sus dolores y a la misma vez compañera de angustias.

Anteponiendo su autenticidad de mujer libre sobre su infecundidad natural, surge una transición y un quebrantamiento de valores hacia una maduración que la lleva por el camino de una reconstrucción psíquica. De allí es que surge el rompimiento de esquemas, con el rosa de niña y el azul de niño. Así mismo, rompe estereotipos y se abre para expandir dimensiones que solo se unen en el corazón, las trae al lector como carta abierta en juego donde sabe que va a ganar.

Es una suplica a ser escuchada, a ser amada y olvidada por quienes no la han amado bien. Al hombre lo ataca con dureza de pétalos ardientes de fuego quejumbroso, le fustiga la razón con la sensibilidad de quien ha perdido para nunca más ganar. Lo sensible y lo racional compiten y comparten una carrera, íntima y larga, en que pierde la razón.

Dios esta presente como realidad etérea y como hombre que calma sus deseos inertes de fecundidad perdida, es aliado y amado. Se notan claramente los temas de la Naturaleza, la Mujer, el Hombre como ente y como género, la Fecundidad y la Esperanza.

Es catarsis viva, despojada de sospechas aparentes. Tiene tanto amor comprometido, que la descripción dominante es “el Estar que conviene y no llega”. Lo social se enmarca en dolor contrito y pesadez vana ante lo inexcusable. No se reprime ante la burda sociedad que le marchita los parpados y le hace sangrar.

Definitivamente, Emma Jeanette Rodríguez nos narra en su libro “Sueños Mojados y una Nina Azul”, las peripecias de una mujer ante un mundo que la acepta como es, siempre y cuando sea honesta consigo misma y autentica. De eso, ella esta conciente.


© 2008 Alex Samuel Vélez

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