domingo, 30 de agosto de 2009

encarnado



Soy un espíritu encarnado
en las raíces de un tronco
seco y rendido,
trasnochado por los mares
trasquilado en el invierno.

Camino por la vereda
del tiempo que me ha tocado vivir,
en esta era insípida
vacía, quieta y estática.

Y solo me quedo
anonadado y quebrado,
en la espera de un mejor
porvenir,
en la ausencia
de aquella presencia
que me entiende, pero vive
en otra estela,
en el destierro
con Soledad.

© 2009. Alex Samuel Vélez

martes, 25 de agosto de 2009

Las Cuatro Semillas (cuento) [aka. “engordando pa’ morir pela’o”]


El albor mañanero despunta su esplendor luminoso. Cuela sus fusilazos por la ventana del cuarto y entre los ojos de Beno.

El don levanta su entumecimiento y abre los ojos. Mira la pared percudida de manos, sangre y uñas rasgadas. Toma una taza de café. Hace un sandwich de jamonilla y queso de papa. Agarra el machete y la azada. Busca las cuatro semillas que recogió de manos de su ex esposa el día anterior en la plaza del mercado. Las tenía amarradas en el sótano de la casa para que el sereno nocturno no las dañara.

Baja la toscosa y abrupta montaña pensando en esas cuatro hijas que engendró y lleva a cuestas. En el negocio familiar que por no ser esclavo abandonó. En el buen carro que cambió por una guagua que ahora muere estacionada en su marquesina con la transmisión dañada.

Llega al claro. Los árboles de quenepa y mangó asombrillan el área con brazos de crema almendrada. Algunas hojas rociadas caen sobre su frente. Mientras tanto alza la cabeza para respirar el aroma de tierra húmeda. Escucha el torrente que corre por las piedras de la quebrada. Siente que su pecho se agranda y cabe en él, todo el llanto del mundo.

Afianza sus puños cerrados al cabo de la azada y hace cinco hoyos. Entierra la primera semilla y pide a la vida que lo perdone. Siembra la segunda y pide a Dios que la tenga en la gloria. Espeta la tercera y se acuerda que dejó la estufa prendida. Siembra la cuarta pero esta lo encara. De inmediato y fácilmente suprime sus gritos, afinca el machete y traspasa la frente de la niña.

El quinto hoyo lo deja abierto. Cuando apague la estufa regresará. Sembrará sus recuerdos futuros en la luz que camina por los montes en las noches de luna. Será un paso al anochecer, una cadena en las tinieblas, una sombra al pie de la cama. Un huésped invisible en su propia casa abandonada.

Copyright 2009. Alex Samuel Vélez

viernes, 21 de agosto de 2009

Lloviznas sobre "Duchas Blancas" (comentario)


Lloviznas

Duchas Blancas, es la imagen cristalina del mar audaz y ardiente que se refleja en los poemas de amor que Lourdes M. Collazo nos entrega con paso valeroso y decidido. En las páginas de este poemario, como venas, corre la sangre de quien ha querido bien y a cambio ha sido trasquilado. Brota la mirada de quien ha sembrado semillas de esperanza y las ha visto florecer como nardos en verano. Es deseo y pasión tan audaz, como el amor mismo.

Lourdes M. Collazo arrima sus dedos a la poesía y conquista al lector como quien pondera un combate y se aferra a un arma potente.

Conquistarte
sin tener
que usar fuerzas
ni espadas
ni trincheras
ni embarcarme
en la batalla
de los que ignoran
que el tiempo
se les pasa
en esa vela
“Colonizarte”

Pero su enemigo no es extraño a su ser, es la apatía que le han sembrado, que ha sostenido como caudal de vida y la hiere pero no le deja morir. Así, navega en dudas y alegrías, fluctúa como Goleta en mar abierto, sin capitán ni tripulantes.

Y hablas,
muestras la belleza
de la naturaleza
de lo sereno
de la palma de mi mano,
mientras con sutileza
la acaricias
y fijas tu mirada
en mi debilidad
para luego
pregonarle a la mar
de tu proeza.
“Goleta”

En contraste, la suavidad y dulzura de sus imágenes tan vivas, captan nuestra imaginación y nos permiten volar hacia parajes de islas, mares, montañas y llanuras. Donde se encuentra ella, mutada en divinidad y naturaleza, como nuestra madre tierra indefensa y esperando al viajero, un cuidador, para entregar su cáliz de néctares salvajes y sentirse protegida.

En ríos y montañas
me he convertido,
en el suave murmullo
de aguas que cubren
mi cuerpo
desprotegido
“Tómame”

Sin embargo, esa transformación es vana y yerma puesto que el visitante que tanto esperaba ha actuado con indeferencia.

Esta tierra de cultivo
de colinas y llanuras
yace estéril, mi cuerpo
desecho se ha secado
por las lluvias que han cesado
por lo fuerte de tu frío.
“Ausencia”

En definitiva, este poemario es una joya para quien lee con el corazón y entiende con la razón. Es una experiencia sensible para ser sustraída con el total de nuestros sentidos y emociones, con la inequívoca idea de gozar hasta suspirar. Es un viaje con pasaje de ida, pero no de vuelta, un bulto lleno de caprichos y recuerdos.

Lourdes M. Collazo, sin lugar a dudas, muestra un dominio potente por la fusión de la palabra y el sentimiento, por la creación genuina de ideas enmarcadas en planos superiores de belleza y creatividad.

©2009 Alex Samuel Vélez para Publicaciones Gaviota y Lourdes M. Collazo

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