miércoles, 5 de octubre de 2011

dos orillas, una piel
















La sal de sus cuerpos
es la misma,
vivo sabor de vida
salubre quemazón, que
cicatriza y cura las heridas,
como las de un pájaro
que en travesía de temporada
atraviesa continentes en solitario.


El aire de sus alientos
es el mismo,
caricia que abrasa
cosquillea la sien,
pausa el andar inquieto
alborotado y ligero,
de un niño gozoso
en busca de amigos.

La flor de sus pieles
es la misma,
suave y a veces áspera
oliente a pétalos de piedra
a espinas de equívoco
sobre un tallo de barbas negras
tras la esquina de alguna maleza,
como las de un beso
que tierno estremece
mordido nace llaga.


El cantío de sus noches
no es el mismo,
duermen huérfanas
de voces crepusculares,
como si una estela evolutiva
trastocara el vivir anfibioso
de aquel cantar nocturno
en joyas de azabache.

La capa de sus faldas
no es la misma,
fantasmas nuevos abrigan la piel,
ausentes calores y vacíos extraños
inundan los poros de huecos y astillas
sacuden cabellos y anidan sudores,
corren tras de sí
como carruaje desbocado
sin cochero ni riendas,
falto de frenos y herrajes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

COMPARTE ESTE BLOG

© 2007-2013 Todos los derechos reservados por el autor.
Prohibida la reproducción total o parcial de los textos literarios publicados en este blog.

Buscar en este blog