lunes, 13 de febrero de 2012

"pan al que no tiene dientes"



El señor Edgardo Rodríguez Juliá, escritor, crítico y profesor puertorriqueño, publicó la siguiente columna  de opinión, "La calle al revés" en la edición del 15 de enero de 2012, en el periódico El Nuevo Día.


A continuación cito dos fragmentos que me parecieron interesantes:

"Es por eso que siempre pensé en la música como un antídoto contra el fraude. Primero es necesario dominar el solfeo, luego tener el don innato que llamamos oído, sólo entonces pasar horas frente a una partitura, ensayando ese talento que con el tiempo puede convertirse en destreza, oficio y, quizás, algún día, en genio".

"Pero entonces ocurrió que los puertorriqueños inventamos el reguetón y, como siempre, cogimos el atrecho al Puerto Rico lo hace mejor, como ocurrió con el Estado Libre Asociado y ocurre con Calle 13. Somos país a medio hacer y creamos esta horrible música —el reguetón— a mitad de camino entre una predecible y machacona cantaleta y la rabia lumpen. O como decía Orwell en 1984 del “hate music”: “It had a savage barking rhythm which could not exactly be called music, but resembled the beating of a drum”.

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Luego, el señor Javier Santiago Lucerna, publicó su respuesta en http://www.revistacruce.com/, titulada "Olvidar a Rodríguez Juliá".


Les cito un fragmento del texto de Santiago, que le responde así:

"Lo clasista no reside exclusivamente en querer imponer, una vez más, cánones estéticos de épocas pasadas sin siquiera tomar en consideración su realidad históricamente determinada [...]
La cancelación de los programas de arte liberal en las escuelas coincidió con el deterioro de la música popular del fordismo. La salsa perdió su vitalidad, convirtiéndose en un género exclusivo de cantantes; los grandes músicos de antaño quedaron relegados a notas al calce en la historia de algo prácticamente muerto y olvidado. El bolero devino en balada, conformándose con calcar musicalmente a la balada rock. Este último duró hasta mediados de los noventa, coincidiendo su triste final con el suicidio de Kurt Cobain, siendo sustituido eventualmente por la música electrónica (trance, techno, etc.)". 

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Por mi parte, no tengo muchos deseos de dañarme la existencia, así que seré breve.

El cuestionamiento sobre la (in)habilidad de los puertorriqueños para expresarse artística(musical)mente, de forma espontánea, sin  "dominar el solfeo, luego tener el don innato que llamamos oído, sólo entonces pasar horas frente a una partitura, ensayando" demuestra desprecio, aunque haya quien quiera llamarle realismo, es desprecio.  Insulto y maltrato a la misma masa que nutrió su ensayo "El entierro de Cortijo".  Además, anula expresiones musicales y literarias populares, como la Plena y la Bomba, espontáneas por demás.  No hace falta mencionar ejemplos que sí cuentan con su lista de requisitos, que hable otro de eso.

Así, se muestra usted señor Rodríguez, como aprovechado.  Haciendo eco de su mismo texto, en que reconoce que la gente del pueblo "son capaces de leerme, ya me tienen leído: ése tiene cara de mamao".

Calle 13 también presenta a la barriada y al caserío en sus canciones.  Y son estos lugares los que también le han dado fama.  Sin embargo, la diferencia entre ambos es que Calle 13 no caga donde come, al menos hasta ahora o que me conste.

Así como lo defendí cuando el Departamento de Educación y el (des)Gobierno de Puerto Rico lo censuró, le mondo éste ahora.  Pero hey, no me muerda la mano.

ASV

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