viernes, 20 de abril de 2007

si no te basta


Si la estela de sabores y la gama de colores no te basta
Pinta de verde tu asta y prueba el sabor de la esperanza
Prende la luz de tu libertad interior y sopla los vientos de alegría

Derrama la pasión de tus hazañas y logros fecundados
Comparte la osadía y la ironía de moverte a un estado
De tristezas y melancolías te mueves al norte de esperanza
Te corroes la mente de cambios y te olvidas de los santos

Serás el cambio del olvido y de la espera que no tarda
Comerás tan rápido que las gaviotas no llegarán a la orilla
Saldrás del gusano metálico lleno de olores y sinsabores
Caminarás las calles de la quinta sin saber que no has pasado la primera

Habitarás la siniestra espera de tus rabietas de lograr más
Mudarás las plumas y no verás el nido nunca jamás
Se te hará muy difícil subir la escarpada montaña
De repente sabrás que no hay nada, sólo patrañas.

Te has movido y no has sabido que estás temblando
Que la orilla no te olvida y te espera de vez en cuando
Que las ramas de palma y aguacate son de menta y encanto
Te has quedado en tu interior sumido en espanto.

Saltaste la espera, no quisiste hacer fila en la acera
La esquina ya es vieja para ti y la vieja es una esquina que no es para ti
Quieres comer del blanco furor y de la azul cacería
De liebres y matices sabrás que eres esclavo.

Dormirás sin despertar un sueño inhabitado de campos y playas
De palmeras y hamacas y jueyes y carne frita
De piña colada y salvajes emboscadas en la garita
Perderás el sueño al despertar, te darás cuenta en el umbral.

Nota Suicida

Mi única pertenencia en vida fue mi cerebro y dejó de serlo cuando decidí compartirlo.
Mi única pertenencia en muerte es mi cerebro y dejó de serlo cuando te escribí esta carta.

Mi único temor en vida fue morir y que nadie se enterara que había muerto. Por eso no me gustaba estar solo, siempre buscaba tu compañía. Quería estar contigo en todo momento. Por ese temor es que escribo esta nota suicida para ti, para que te enteres que he muerto para cuando leas estas letras... l e t r a s s s...

Temía morir en la carretera guiando en algún pueblo distante al mío en donde nadie me conociera. Que no encontraran mi identificación no era molestia, como quiera nadie me reconocería hasta mucho tiempo después en la morgue. Tampoco quería morir en un restaurante, no quería que nadie se pusiera triste al verme atragantado con una espina de pescado atravesada en mi garganta cortándome la respiración y desangrándome por dentro. Menos quería morir en un río ahogado, se contaminaría el agua con espíritu y saliva. Qué me atropellara un carro era cosa seria, se formaría un tapón increíble y quedaría mucha sangre que limpiar en el bonete y la carretera.

En realidad no quería causar disgustos con mi muerte, solo alegría y quizás algún comentario de esos que la gente dice en la televisión: “tan bueno que era”, también me gusta mucho este; “era bien cariñoso y todos lo querían mucho”

Temía vivir cerca de mi gente, mis árboles y de mi país.

Quería vivir feliz, teniendo con quien compartir mis momentos buenos y alegres, porque los tristes uno los pasa solo mejor. Relamiéndose de dolor en la cama tirado y comiendo helado de chocolate.

Quería morir feliz, la noción de la muerte nunca fue un misterio para mí, al contrario. Fue una contrariedad querer morir y no poder.

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