al mando de un dedo


Corriste, al encanto
de un columpio
buscando subir tus aires
a la cima de un balanceo.

Yo, confiado en el vaivén
de las idas por las salidas,
en el roce de la arena que
puse bajo el manto de tus pies,
fallé en sostener tu espalda
cuando la velocidad de los pensamientos
viajaba a al traste de nuestra juventud.

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